Sobre Ediciones

Por: Piedad Bonnett

Si fuera por el número de poetas,  por la calidad de algunos de ellos, y por la entusiasta asistencia a los recitales de los amigos de la poesía,  podríamos afirmar que esta  goza en Colombia de cabal salud. Pero, por desgracia, desde hace ya un tiempo las más reconocidas editoriales renunciaron a publicar a los poetas, con el peregrino argumento de que este género no se vende. Como quien dice, se ha tratado de matar el género por decreto.  De vez en cuando, por alguna circunstancia específica, algún editor de esas importantes casas se arriesga con un nombre suficientemente conocido, pero eso es todo.

En los últimos tiempos, por fortuna, y en vista de tan crítica situación,  algunas editoriales universitarias han tratado de llenar éste vacío. Así como uno que otro soñador, que con esfuerzo y entusiasmo, y casi artesanalmente, asume heroicamente la tarea de divulgar la poesía nacional. Entre estos últimos se cuentan los socios de San Librario libros, esa pequeña pero acogedora librería que ha venido a enriquecer desde hace unos pocos años las posibilidades de los lectores del norte de Bogotá, y donde, aunque les parezca mentira a algunos editores incrédulos, lo que más se vende son libros de poemas.  Liderados por el entusiasmo y la tenacidad de Álvaro Castillo, librero cabal que comparte tareas con el veterano del oficio Camilo Delgado, ellos han lanzado una colección de cuadernillos de poesía en dos series, Sin Carátula y Sin Ausencia, que recupera libros de reconocidos poetas, ya agotados en el mercado, y promueve nombres menos conocidos, cuya literatura de otro modo quizá no podríamos gozar.

Libros de Mario Rivero, Álvaro Rodríguez, Nicolás Suescún, Federico Díaz Granados, Francia Elena Goenaga y ahora Roberto Fernández Retamar han sido puestos así a disposición de los lectores, a precios casi irrisorios y en dignísima edición de ejemplares numerados que invita a ser coleccionada. El estudiante, el ama de casa, el profesor, todo aquel que ame la poesía, tiene pues acceso a estos libros que nacen de la fe en la palabra y en la acción en un país que necesita cada día reforzar el espíritu para soportar el peso de sus vicisitudes. Hermosa tarea  que ha venido a probar, por otra parte, que esta pequeña empresa  puede sostenerse porque detrás hay trabajo, disciplina y poder de convocatoria. Y ejemplo de solidaridad y capacidad de riesgo que querríamos los colombianos que existiera en tantas otras cosas.

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