Interpelante. “La cultura de la violencia”: 11 ensayos sobre la condición humana
By editor on feb 7, 2010 in Reseña
La violencia, en tanto fenómeno eminentemente humano de dimensión global, es la partera de las peores tragedias individuales y colectivas que registra la historia, que engendra el abuso de poder, el autoritarismo, la injusticia social y la marginación económica y cultural. Entre la barbarie, el abuso de poder y las asimetrías sociales.
Hugo Acevedo
En “La cultura de la violencia”, los antropólogos Daniel Vidart y Anabella Loy elaboran y compilan 11 ensayos reflexivos que aportan diversas miradas en torno a la barbarie, el abuso de poder, el miedo, la inseguridad ciudadana, la explotación económica, la injusticia social y la guerra, entre otros tópicos no menos relevantes.
“Cinco países mandan en las Naciones Unidas. Ellos velan por la paz en el mundo. Esos cinco países son los principales fabricantes de armas. La paz está en manos de quienes hacen el negocio de la guerra.
Cada minuto el mundo destina tres millones de dólares al gasto militar, que es el nombre artístico de la fabricación de la muerte y cada minuto mueren 15 niños pobres, por hambre o enfermedad curable.
Las fábricas de armas fabrican guerras y las fábricas de miedo fabrican enemigos”.
Esta reflexión del periodista y escritor Eduardo Galeano registrada en la contratapa del libro a modo de breve presentación, que alude naturalmente a las potencias hegemónicas, sintetiza, en buena medida, el espíritu de este valioso trabajo colectivo.
El texto analiza -con el habitual talante crítico del autor- las flagrantes e irónicas contradicciones de la conducta humana, fustigando ácidamente a los amos del mundo, al ejercicio abusivo del poder y a los contemporáneos arquitectos de la miseria.
Este trabajo colectivo propone variados ángulos de análisis sobre la violencia, desde su dimensión histórica, social, política y económica hasta su proyección al ámbito deportivo.
Más allá de enfoques necesariamente subjetivos que responden a diversas herramientas de interpretación, todos los ensayos contemplan la multicausalidad y la extrema gravedad de este fenómeno inespacial e intemporal.
Obviamente, muchos de los aportes ponderan la notoria influencia de la globalización contemporánea, como potencial fuente de contaminación de conductas sociales e individuales.
En el primer trabajo, el periodista Ángel Ruocco analiza todo lo atinente a la violencia en el fútbol, que, desde hace un buen tiempo, se ha transformado en un asunto traumático.
El autor parte de la premisa que el más popular de los deportes es un ámbito más de expresión de la violencia instalada en la sociedad y hasta una válvula de escape a insatisfacciones y frustraciones.
En ese contexto, Ruocco resalta la crucial incidencia de la alta exposición mediática y de diversos factores exógenos y endógenos que distorsionan seriamente las conductas de los colectivos.
Aunque buena parte de su exposición está centrada en los disturbios promovidos por las denominadas barras bravas y sus a menudo trágicas consecuencias, el ensayista asocia estas prácticas violentas con la cada vez más acentuada mercantilización y la paulatina pérdida de la connotación lúdica del deporte.
Por su parte, el abogado y especialista en relaciones laborales chileno Pedro Guglielmetti aborda todo lo atinente a la violencia en el trabajo, un tema sin dudas de permanente debate.
El autor alude, entre otros tópicos, a la explotación laboral, al abuso de autoridad, a las malas condiciones de trabajo y a las poblaciones de riesgo, en referencia a las mujeres y los niños.
En el centro de este debate están la políticas desreguladoras promovidas por los teóricos y ejecutores del modelo neoliberal, responsable de flagrantes violaciones de derechos y de persistentes prácticas cuasi esclavistas que parecían ya perimidas.
El periodista Gerardo Bleier analiza, con su habitual madurez intelectual, la dimensión de la violencia en los medios audiovisuales de penetración masiva.
En ese contexto, destaca la incidencia de las nuevas tecnologías, así como también el manejo de la información que responde, en muchos casos, a motivaciones meramente mercantilistas, a compromisos políticos y a la necesidad de preservar el statu quo dominante de las corporaciones empresariales que detentan la propiedad oligopólica de los medios.
La magíster en Historia y Teoría del Arte Ivone Pinni relaciona la violencia con el arte y la memoria, en una visión que reconceptualiza la iconografía de la tragedia.
En este trabajo subyace explícitamente la pesadilla del autoritarismo y las violaciones a los derechos humanos perpetradas por las dictaduras genocidas de la región.
La abogada Leonie Garicoits modifica radicalmente el ángulo de enfoque, al visualizar la problemática de la violencia doméstica en el ámbito judicial.
Nutriéndose de su propia experiencia profesional, la autora denuncia las disfuncionalidades de la práctica jurídica en el tratamiento de los casos de abuso contra mujeres y niños y hasta el miedo de las víctimas a acusar a los autores de los atropellos.
Uno de los trabajos más valiosos es el de la antropóloga Anabella Loy, quien construye una profunda y hasta removedora reflexión en torno a la violencia y la migración.
En su riguroso análisis situacional, la investigadora recrea el trauma de los exiliados políticos y económicos, desde una perspectiva que mixtura lo histórico, lo sociológico y hasta lo psicológico.
El tema motiva diversas consideraciones en torno a las rígidas legislaciones expulsivas de los países receptores, los problemas de adaptación de los inmigrantes, el rechazo y la habitual xenofobia de los nativos.
Todos esos sentimientos exacerbados y potenciados por las crisis económicas, suelen devenir en situaciones de aguda tensión y hasta en conflictos de trágicos desenlaces.
El sociólogo Gabriel Vidart pone bajo la lupa el siempre candente tema de la inseguridad ciudadana, atribuyendo este fenómeno, en buena medida, a las asimetrías sociales, la pobreza y la marginación.
En tal sentido, afirma que se trata de un problema estructural que no se agota en la mera represión que conjura el efecto pero no la causa, sugiriendo que requiere un abordaje bastante más integral.
Su análisis, que contrasta indicadores de la mayoría de los países de América Latina, también alude al suicidio, la violencia doméstica y el maltrato a los adultos mayores.
El libro incluye también trabajos de Renzo Pi Hugarte, José María Montero y Daniel Vidart, que asumen diferentes enfoques en torno a la violencia como fenómeno histórico, político y social.
El más significativo de estos aportes es el del antropólogo y compilador Daniel Vidart, quien reflexiona concretamente sobre la guerra y sus devastadoras consecuencias.
Aunque su abordaje abarca múltiples facetas del problema, el autor ensaya diversas lecturas sobre las connotaciones eminentemente políticas, económicas y sociológicas de las grandes conflagraciones bélicas.
En tal sentido, el relevante investigador reflexiona sobre las pulsiones paranoicas de los poderes hegemónicos y la recurrente invocación a las guerras preventivas para justificar agresiones militares, invasiones y saqueos.
Estos 11 ensayos configuran un plausible espacio de reflexión y debate en torno a un fenómeno sin dudas intemporal, responsable de algunas de las peores tragedias colectivas de la historia de la humanidad.
“La cultura de la violencia” es un trabajo maduro y documentado, que, a través de diversas voces, miradas y enfoques, interpela y nos interpela en torno a la génesis y las graves consecuencias del autoritarismo, el miedo, la inseguridad y la injusticia social, entre otras rémoras contemporáneas.
(Ediciones de la Banda Oriental)
Fuente: LR21

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