Jaime Sarusky
By Editor on ene 28, 2010 in Opinión
¿Qué es lo que hace que leamos libros de crónicas, reportajes o artículos periodísticos de ayer, con un espacio y un tiempo aparentemente definidos, como si fueran de hoy, como si estuvieran recién publicados? ¿Dónde está el secreto, la clave, para que aquello aparentemente escrito con “prisa sobre el papel” permanezca en él, fijo, calmado, presente? Me pregunto estas cosas, después de releer en línea tres libros periodísticos de Jaime Sarusky: El tiempo de los desconocidos (1977), El unicornio y otras invenciones (1996) y Una leyenda de la música cubana Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (2006).
Tuve el inmenso placer, la alegría, de estar hace dos años largos con él en Gijón, cuando compartimos los diez días de la Semana Negra. Nos presentó una tarde en la Feria del Libro de La Habana, el jefe Paco Ignacio Taibo II. Nos saludamos tímidamente pues estábamos realmente más ocupados en mirar a una venezolana espléndida y majestuosa llamada Karili. Tiempo después encontré una foto de ese encuentro. Los dos comentamos, como corresponde, la belleza de nuestra vecina. Ahí empezó un diálogo que sólo ha cesado por las distancias geográficas. Empezamos a charlar y no paramos. Fueron días largos en los que compartimos el tiempo, la amistad, el ron Santiago y comidas maravillosas en “La Iglesiona” y “Wok” junto a Rebeca, Lorenzo y Ángel Tomás, entre otros. Hablar con él es un privilegio. No sólo por la inmensa cultura que tiene, la gracia con que asume la vida, la lucidez con que ve el mundo, la generosidad con que se entrega sin reservas ni laberintos, sino por la capacidad de escucha y atención con que rodea a sus semejantes. Sientes, al hablar con él, que lo que dices y piensas es importante y no hay que perdérselo. Se crea, nace, un diálogo de iguales. Te arropa con su atención. Creo que la vigencia y permanente presente de los textos periodísticos de Jaime está, radica en este punto: el escuchar al otro haciéndole sentir que lo que dice es importante y necesario de conservar para que lo sepan los demás. Hacer conocido lo desconocido. Mostrar la magia que nos acompaña y rodea. Por eso sus textos se leen como quien cuenta un cuento que no quiere olvidar ni perder. Crónicas escritas hace casi cincuenta años conservan la calidez y fuerza de cuando fueron publicadas. Al mejor estilo de Pablo de la Torriente Brau, su periodismo es escrito con los demás, para los demás. Porque “en cualquier momento, lo insólito, lo imposible, como la magia, se hace posible”. De esa manera todos nos sentimos parte de una misma historia. Una historia acompañada siempre por la sonrisa y la gracia de ese hombre bueno a quien tanto admiro, respeto y quiero: Jaime Sarusky.
Álvaro Castillo Granada
Enero 21 de 2009

Post a Comment