El fin de las luciérnagas

El poeta Mario Rivero produjo uno de los cambios más importantes de la poesía colombiana del siglo XX

Mario Rivero

Mario Rivero

Armando Orozco Tovar

El poeta envigadeño inicialmente fue clasificado dentro de la promoción nadaísta del año 58, porque ellos tocaban de alguna manera lo urbano. Pero va a ser su libro “Poemas urbanos” el que marca un hito dentro del panorama de la poesía urbana, por su unidad, síntesis y registro, a partir del 63, fecha en que sale a la luz, causando gran escozor en la crítica, que lo encontró muy moderno para el ámbito bucólico poético colombiano.

Mario Rivero dijo alguna vez de sí mismo: “Mi participación en el quehacer poético tiene el carácter de irregular, se deduce de la forma de mi poesía amétrica y prosaica y de su tono contenido y directo, que acusa una voluntad poética nueva. Se trata de escribir versos antideclamatorios, duros, sin ritmo, que afrentan la poesía conversacional, se trata de escribir con claridad. De preferir la palabra común a la palabra ampulosa y ornamental. Se trata ante todo de ser directo”.

La ruptura que significó la aparición de “Poemas urbanos” fue trascendental por ser una poesía simple, cotidiana, opositora al formalismo de la academia, y a la retórica literaria imperante. Cuando aparece su libro, Bogotá está apenas dejando de ser aldea para ser una urbe enorme.

Hasta ese momento en el país existían libros epigonales como “Suenan timbres” de Luis Vidales de 1926 y “Morada al sur” de Aurelio Arturo. Pero ninguno de registro urbano como el de Mario Rivero, que puso a existir la ciudad como fenómeno en la conciencia de la gente.

El libro fue, según un crítico: “Una bocanada de aire fresco con algo de smog, que recuperó en contra de la oficialidad de la poesía hecha de primores y eufonías. Mario Rivero logró él solo socavar una oquedad verbal, sonora y decorativa. Aun así, si Mario Rivero no hubiera escrito y publicado más que Poemas Urbanos, sería importante por haber protagonizado una ruptura, abriendo caminos. Por haber intentado la claridad, por haber logrado la exactitud en el poema”.

En “Poemas urbanos” hacen presencia las torres de acero, los bulevares, las putas como mujeres pintarrajeadas detenidas en las esquinas, esperando a sus clientes. Aparecen las cafeterías, los bares, los restaurantes, pero también la soledad existencial de los domingos, de cemento, sin sol, ni a donde ir.
Aparece la luz eléctrica, fenómeno moderno ya anunciado en la primera poesía de Luis Vidales, y por lo tanto desaparecen las luciérnagas. La televisión, Nombra la blenorragia (ya nombrada en Enfermedades de la niñez por José Asunción Silva, en su libro “Gotas Amargas”). Mario Rivero lo hace introduciendo vocablos provenientes de la lengua inglesa como blue-jean, etcétera.

A “Poemas urbanos” se le va a considerar como una máquina de moler la vieja poética, empañada de retórica y catolicismo, de la “hermosura de la rosa”, del cielo, de la primavera, de la luna, del “arroyito campesino”, de las aves, las abejas, de los sollozos, lágrimas, almas y corazones. Y cursilería por doquier.

Utiliza el collage, el cut-up, el fold-in, consistente en cortar y pegar. Los letreros de los avisos y toda clase de textos. Se refiere al fútbol, y a las expresiones coloquiales, que se oyen en los transportes. Todas estas cosas las hace parte de su poética.

Los amigos

A veces me pregunto qué fue de los amigos
después de que los días
han dejado caer su ceniza.
Los que vivían en las barracas
sobre el río, un río sucio que parte la ciudad
en dos tajadas de hierba
donde mujeres lentas de grandes pies
llevan fardos de trapos sobre la cabeza.
El de la cachucha azul y raída
que limpiaba telares
Su padre era mecánico
y él también quería ser mecánico
Estoy seguro de que ambos
continúan comiendo su emparedado cotidiano
y su único amor son los tornillos.
El flaco de la bicicleta
que todos envidiaban
porque tenía muchas revistas de Charles Atlas
y decía que era capaz de levantar cien kilos
Tenía novia y no le gustaban las nubes.
Después muchas ciudades
torres de acero, bulevares
mujeres pintarrajeadas en las esquinas
restaurantes, etc., donde todos están
un poco solos
no se conocen pero se miran
apuestan a las carreras frente al televisor
los fines de semana
y desean ir al mar.
yo sigo buscando desde mis papeles
a la muchacha que se paraba
contra el poste de la luz

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