Elogio de Nazim Hikmet

La poesía de este extraordinario ser humano, que pasó la mayor parte de su vida entre la cárcel y el destierro, constituye la más certera identidad de su patria y de sus gentes, siendo, como era, el más grande poeta turco de la Edad Moderna y uno de los más notables líricos del siglo XX.

Nazim Hikmet

José Luis Díaz-Granados

Hace pocos años leí, con los ojos llenos de lágrimas, que un niño turco de once años fue sancionado con la expulsión de su escuela en Ankara por haber recitado en el matutino un poema de Nazim Hikmet.

La indignación y el dolor por tan abominable acción obedecen a que la poesía de este extraordinario ser humano, que pasó la mayor parte de su vida entre la cárcel y el destierro, constituye la más certera identidad de su patria y de sus gentes, siendo, como era, el más grande poeta turco de la Edad Moderna y uno de los más notables líricos del siglo XX.

Hikmet nació en Salónica el 15 de enero de 1902. Después de haber cursado estudios en un colegio elitista francés, viajó a Moscú en 1921, sacudido emocionalmente por el impacto de la Revolución de Octubre. En la capital rusa escribió versos de inusitada intensidad verbal y política, bajo la influencia de Mayakovski.

Tres años después regresó a Turquía donde hizo parte del consejo de redacción de Claridad, revista de divulgación ideológica del Partido Comunista Turco, la cual fue cerrada en 1925 y apresados sus integrantes. Hikmet logró escapar a Esmirna y, aunque pasó a la clandestinidad, fue condenado a 15 años de prisión, por lo que se vio obligado a huir a la Unión Soviética, donde permaneció hasta 1928.

De regreso a su patria, Hikmet fue detenido en la frontera y apresado durante varios meses. Al recobrar su libertad, ingresó a la planta del diario Aksam y dio inicio a una etapa de intensa actividad literaria y política. Escribió y publicó innumerables poemas, cuentos, novelas, obras de teatro, ensayos y textos periodísticos. Hasta 1933, año en que es detenido en medio de una fuerte protesta internacional, publicó 835 líneas, La Gioconda, Si-Ya-U, Y van 3, La ciudad que perdió la voz y Telegrama nocturno (antología de sus poemas).

De nuevo, al salir de la prisión en 1934, Hikmet se dedicó de lleno a la elaboración de poemas y narraciones, bajo la sombra del más cruel ostracismo dentro de su patria. Escribió textos antifascistas y de carácter histórico, como Cartas a Taranta Babú (1935), Leyenda del Jeque Bedreddin (1936) y Rumbo a Barcelona en el barco del desdichado Yusuf (1937).

En esos años, Hikmet fue acusado de conspiración militar e incitación a la indisciplina y a la rebelión, condenado a 28 años y 4 meses de prisión en la cárcel de Bursa. El poeta padeció las más crueles torturas y los más humillantes padecimientos.

Neruda, al evocar esta dura etapa de su entrañable camarada, escribió: “Lo hicieron andar hasta la extenuación por el puente del barco y luego lo metieron en el sitio de las letrinas, donde los excrementos se levantaban medio metro sobre el piso. Mi hermano el poeta se sintió desfallecer. La pestilencia lo hacía tambalear. Entonces pensó: los verdugos me están observando desde algún punto, quieren verme caer, quieren contemplarme desdichado.

“Con altivez, sus fuerzas resurgieron. Comenzó a cantar, primero en voz baja, luego en voz más alta, con toda su garganta al final. Cantó todas las canciones, todos los versos de amor que recordaba, sus propios poemas, las romanzas de los campesinos, los himnos de lucha de su pueblo. Cantó todo lo que sabía. Así triunfó de la inmundicia y del martirio”.

Hikmet escribió una de sus obras fundamentales, Paisajes humanos de mi país y un libro de poemas de amor, dedicado a Pirayé, su amada de juventud, titulado Poemas de las 22-23 horas. Entretanto, sus poemas fueron traducidos a otros idiomas y la admiración por su deslumbrante carga expresiva creció día a día, tanto en su Turquía natal como fuera de ella. Los mensajes, los actos culturales, los mítines políticos y las movilizaciones populares se multiplicaron en diversas ciudades de Europa y de Asia, exigiendo la liberación del poeta, hasta que ésta se produjo en 1950.

Hikmet se fue a vivir con su prima Milnever, con quien tuvo un hijo, Mehmet, pero al cabo de tres meses se vio obligado a huir de su país. En la URSS fue recibido con inmenso afecto y meses después pasó a ser parte de la dirección del Consejo Mundial de la Paz.

Viajó por Europa Oriental y celebró con entusiasmo el triunfo revolucionario de Cuba en 1959, país que visitó un año después.

Hikmet murió en Moscú el 3 de junio de 1963. Su poesía se extendió por los cinco continentes como una oleada de agua fresca. Su palabra de pedrería preciosa constituye el más alto orgullo de la nación turca.

Semanario Voz

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