Dos poetas de la selva

José Eustasio Rivera y Horacio Quiroga

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Armando Orozco Tovar

En su párrafo de entrada de La Vorágine, Rivera dice: “Antes que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia”.

Es extraño que José Eustasio Rivera (Neiva, Huila, 1886 – Nueva York, 1928) muriera aún muy joven, en esta ciudad, cuando supervisaba la reedición de su obra, y la publicación de su novela con traducción al inglés.

“Extraordinario poeta”, lo denominó Quiroga, el escritor uruguayo, a quien sólo conoció “con tanta agua y tierra de por medio”. Y que consideró su obra un poema “donde la selva, tropical, con su ambiente, su clima, sus tinieblas, sus ríos, sus industrias y sus miserias, vibra con su pulso épico no alcanzado jamás en la literatura colombiana”.

Así habla del colombiano este otro poeta de la selva del Paraguay. Nación heroica, que padeció durante cinco años la agresión de la Triple Alianza, realizada por Inglaterra, Brasil y Argentina contra este pequeño país suramericano, acabando con el proyecto revolucionario que se gestaba allí y que redimiría al pueblo del coloniaje europeo. Como hoy se busca hacerlo contra la patria bolivariana que efectúa una revolución contra el neoliberalismo con el pensamiento de Bolívar, que expresó en el Congreso de Angostura (15 de febrero de 1819): “Un gobierno que haga triunfar, bajo el imperio de leyes inexorables, la igualdad y la libertad”.

Del autor de los sonetos Tierra de Promisión, Quiroga dijo “que su amor y conocimientos selváticos los adquirió siendo miembro de la Delegación de Colombia para la delimitación fronteriza con Venezuela…”.

Rivera en su periplo por el sur del país conoció los horrores realizados contra los indígenas del Putumayo, que eran obligados a la explotación del caucho, necesario para fabricar las ruedas de los automóviles, camiones y aviones que utilizarían las multinacionales capitalistas de la guerra, celebrada con trompetas, cañonazos y flores, en su centenario, sobre las tumbas de los sacrificados por el capitalismo guerrerista hace cien años. El poeta huilense denunció en su obra los pavorosos sufrimientos sufridos por los habitantes del Putumayo, una región abandonada hasta hoy.

A Arturo Cova, el personaje central de La Vorágine, lo describe Quiroga diciendo: “Era impulsivo, sentimental, voluntarioso, honrado, borracho, generoso”. A petición de Rivera, el escritor uruguayo sería el encargado de escribir el prólogo de la edición gringa de La Vorágine. Pero no lo pudo hacer porque su autor murió el 19 de febrero, un año antes de que se produjera la gran crisis económica capitalista.

1 Comment(s)

  1. Llegué tarde a La Vorágine, pero es de los libros mas impresionantes que he leído, y por supuesto evocó mis lecturas juveniles de Quiroga, no solo la obvia relacion con el cuento “Los Mensú”, sinó la sensación ominosa permanente, la zozobra siempre amenazante de sus cuentos ubicados en tierra de misiones.
    También recuerda un poco la sensación de malestar que produce leer El Corazón de las Tinieblas.
    Que gran placer y que inmenso orgullo sentirse compatriota de semejante autor.
    Un saludo.

    Enrique Jaramillo | Dic 17, 2016 | Reply

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