Sobre la poética de Marilyn Bobes
Lina De Feria – Agosto del 2008
En la última Feria del Libro de La Habana, tuvimos el placer de recibir la antología poética de Marilyn Bobes, titulada “La aguja con que hilvano estos poemas”.
El propósito que tuvo su antologador, el librero colombiano Alvaro Castillo Granada, fue, en el sentido preciso del significado, el de una idea transparente y lúcida, puesto que Marilyn, nacida en La Habana en 1955, no sólo acumula múltiples premios, sino que vitalmente se halla en el centro irradiador del mundo intelectual cubano, como figura animadora y destacada, por un ficcionar diverso que ha ido derivando de la poesía a la narrativa, pero plenamente en nivel valorativo bien conjuncional por el prestigio de ambas vertientes cuando se trata de su obra Íntegra.
La antología parte de varios libros suyos: “La aguja en el pajar”, de 1980, “Hallar el modo”, de 1989, “Revi(c)itaciones y Homenajes”, de 1998, e “Impresiones y comentarios”, del 2003. Si Alvaro Castillo dice de Marilyn: “la poeta pasa de mirar el y su alrededor a observar y escuchar las obras de otros escritores, pintores y músicos”, nosotros recibimos, de primer impacto, con esta breve, pero sólida colección, un exacto panorama del cierto devenir de Marilyn, en lo que a poesía se refiere.
Desde su poema inicial “Arte poética” se justifica el título de la antología, pero ella habla de la aguja con que hilvana sus poemas con ese sentido facético: “No es una aguja de
cambiar la vida/ pero su trazo puede hacer un mapa.” Es que lo intuitivo va a estar bien protegido por una mirada inteligente, que no le permite el desafuero, lo desbordante y trasnochado.
El hálito de lo vivido como experiencia que no solo se acumula sino se entroniza en la vida es una virtud en esta escritora cuando se proyecta poéticamente: “Recuerdo es/la infancia y el trabajo que nos cuesta crecer.” También será captadora del detalle ennoblecido por una sensiblidad ajena a la fragmentación: “Solo el susurro de la huella/y el olor que perfuma las planicies/ lloran por Alfonsina.”
Hay un calar filosófico en apreciación metafórica que dá cuerpo a su poética, de orden escritural impecable, en donde no hay alardes tecnicistas sino esa fluencia poco doméstica,
pero natural, auténtica, genuina en el empaque definitivo. Con sabiduría profesional evita los parlamentos largos, y las punzadas líricas encierran siempre el concepto profundo de la captación de las cosas y las esencias: “Nada tiene que ver con el instante.”
En tono particularmente sobrio, y negado a lo enumerativo y vacuo, lo enfático tiene magníficos resultados en poemas como “Casa”: “En esta casa yo/ una noticia/ un cuento de
Perrault/ alguien que vive en deuda/ el misterioso despliegue de una sombra/ se me adhiere/ a la conversación/ el mediodía/en esta casa/ todos y los muertos.” Sus intereses expresivos van a estar determinados por la irrelevancia de la cáscara, y estará en la búsqueda de los sustratos, lo que prefigura un talento específico para poder atrapar los contenidos de cualquier acontecimiento. Y eso va avalado por sus aperturas poemáticas que siempre nos hacen entrar de inmediato en el tema interesante, nunca fijación anodina: “Todo en su diminuta eternidad/ te sobresalta/ (..) La lucidez torcida del relámpago( solo para anunciar/ que habrá tormenta.” Es en el orden climático que Marilyn Bobes, como Cid Campeador de nuestras letras, impone un sello bien profundo
Y distinto. Lo atmosférico, que no es precisamente lo más fácilmente lograble en un poema de hechura singular, tiene en ella la perenne presencia, esa inteligencia que la distingue y que solo escritoras de gran eficacia en ese aspecto como Virginia Woolf o Sylvia Plath o Fina García Marruz, han llevado a cánones estremecedores. Tiene Marilyn Bobes la cualidad de “pensar”, de no utilizar elementos gratuitos que degeneran la síntesis necesaria de un contenido para hacerlo efectivo y duradero.
Radar sensible, es necesario fijar una datación para esta antología, porque no todo lo contemporáneo resulta potable, y cuando aparece en el panorama de las letras cubanas, un buen ejemplo de poética valiosa, hay que agradecer que ocurra. Marilyn Bobes ya tiene, poéticamente hablando, material como ese destacadísimo “Ana Karenina se suicida
en un andén de Moscú.” No solo revela ahí una formación estética y literaria amplia sino que proyecta su mundo, su siquis poco elemental, su preocupación por los comportamientos humanos.
Este libro de Marilyn Bobes editado en “Ediciones San Librario” en Colombia, en este año de 20008, constituye lectura fundamental para aprehender a una de las escritoras más versátiles de nuestra literatura.
La contundencia de su labor, y la enorme contribución al paisaje, a mi modo de verlo, no demasiado abundante de la buena poesía, la sacan de la realidad virtual para sentir que en sus escritos se ficciona para “después”, no se está en un ralo rango inmediato, sino que cuando se asiente, aún más, irá cobrando multiplicidad en sus significantes planteos, e irá ganando, con la velocidad de la privilegiada degustación de sus textos, lugar y tiempo, espacio y forma, y que resultará imprescindible tener “La aguja con que hilvano estos poemas” en nuestras bibliotecas, y tal vez, pensar en una reedición.
Figura bien trascendente, en lírica y en narrativa, todavía veremos sus mejores libros llegar y asombrarnos.
El constructo del poemario revela la óptica de un terreno poético enriquecido, en el que la unidad temática estará en el abordaje de los asuntos, que como si se tratara de una vuelta al mundo en breves días, recoge la mejor porción de la obra, multánime y singular, y siempre satisfactoria.
Centro validante de escritura contemporánea, de esta colección el magnífico resultado de un viaje corto, pero formidable, por la poética de Marilyn, con el sello de lo bien facturado y compositivamente hablando, pleno para el que se acerque a su lectura y captación.
Lina De Feria – Agosto del 2008
En la última Feria del Libro de La Habana, tuvimos el placer de recibir la antología poética de Marilyn Bobes, titulada “La aguja con que hilvano estos poemas”.
El propósito que tuvo su antologador, el librero colombiano Alvaro Castillo Granada, fue, en el sentido preciso del significado, el de una idea transparente y lúcida, puesto que Marilyn, nacida en La Habana en 1955, no sólo acumula múltiples premios, sino que vitalmente se halla en el centro irradiador del mundo intelectual cubano, como figura animadora y destacada, por un ficcionar diverso que ha ido derivando de la poesía a la narrativa, pero plenamente en nivel valorativo bien conjuncional por el prestigio de ambas vertientes cuando se trata de su obra Íntegra. Read the rest